lunes, 22 de octubre de 2018
¿Cómo educa un águila a sus hijos? Para reflexionar

Alberto era un hombre joven cuyo hijo había nacido recientemente y era la primera vez que sentía la experiencia de ser papá. Un buen día le dieron ganas de entrar en contacto con la naturaleza, así fue que decidió ir a un bosque; quería oír el canto de los pájaros y disfrutar toda la belleza.
Caminaba plácidamente cuando de repente vio posada en una rama a un águila. El águila también había tenido la alegría de recibir a sus polluelos y tenía como objetivo llegar hasta el río más cercano, capturar un pez y llevarlo a su nido como alimento; pues significaba una responsabilidad muy grande criar y formar a sus aguiluchos para enfrentar los retos que la vida ofrece. El águila al notar la presencia de Alberto lo miró fijamente y le preguntó: “¿A dónde te diriges buen hombre? Veo en tus ojos la alegría” por lo que Alberto le contestó: “Es que ha nacido mi hijo , ¿y qué piensas hacer con tu hijo?”.
Alberto le contestó: “Ah, pues desde ahora, siempre lo voy a proteger. Yo me encargaré de que tenga todo lo que necesite, y día con día yo seré quien lo cubra de las inclemencias del tiempo; lo defenderé de los enemigos que pueda tener y nunca dejaré que pase situaciones difíciles”. “Es mi hijo, lo amo. No permitiré que pase necesidades como yo las pasé, porque para eso estoy aquí, para que él nunca se esfuerce por nada” y nunca dejaré que nada ni nadie lo perturbe”.
El águila no salía de su asombro, y no daba crédito a lo que había oído. Entonces, respirando muy hondo lo miró fijamente y dijo:
“Escúchame bien buen hombre. Si yo abrazara a mis aguiluchos como un oso, reprimiría sus aspiraciones y deseos de ser ellos mismos, destruiría su individualidad y haría de ellos individuos indolentes, sin ánimo de luchar, ni alegría de vivir”. “Tarde que temprano lloraría mi error, pues ver a mis hijos convertidos en ridículos representantes de su especie me llenaría de remordimiento y gran vergüenza, porque yo quise resolver todos sus problemas”.
Esta historia nos enseña que la sobreprotección no es buena, debemos enseñar a nuestros hijos para que el día de mañana sepan cómo deben comportarse en la vida y aprendan a valerse por sí mismos. Y ese es el error en el que caemos muchos papas la sobreprotección que no es buena.
CONFEDERACIÓN MILLONARIA: El Rey y el mendigo una sabia lección para reflexi...
CONFEDERACIÓN MILLONARIA: El Rey y el mendigo una sabia lección para reflexi...: El Rey y el mendigo una sabia lección para reflexionar En unas tierras lejanas, existía un Rey muy sabio y bondadoso; cierto d...
El Rey y el mendigo una sabia lección para reflexionar

En unas tierras lejanas, existía un Rey muy sabio y bondadoso; cierto día el rey había salido a pasear por los jardines de su castillo, pero para su sorpresa, junto al camino estaba un mendigo que clamaba a fuerte voz misericordia, ya que tenía días sin comer y no poseía dinero para comprar.
El rey movido a misericordia se acercó a auxiliar a aquel mendigo, pero sabiamente le preguntó; -“¿Qué tienes para ofrecerle a tu rey?” El mendigo sorprendido notó que cargaba un saco de mazorcas que había recogido en el campo, y solamente sacó dos mazorcas de todas las que tenía, para dárselas al rey, pues pensaba que este no tendría necesidad de sus dádivas, pues era un rey y vivía cómodamente en el palacio, saciándose de los mejores manjares.
El Rey ante la actitud miserable del mendigo y para darle una lección por ser tan duro de corazón, mandó a sus sirvientes que le trajesen un saco de monedas de oro e igualmente sacó sólo dos monedas de oro y se las dio al mendigo.
La moraleja de esta historia nos hace reflexionar. “Si el mendigo le hubiese dado, mas mazorcas o todo el saco de mazorcas al rey, hubiese recibido de la misma manera, mas monedas de oro ò todo el saco de monedas.”
Si miramos alrededor, en la televisión, en los periódicos, y en cualquier medio, nos damos cuenta de la pobreza que arropa a muchos países. Vemos la abundante necesidad de la gente, y los que tienen mucho no aportan mucho a esa necesidad porque no da abasto.
Dios no se agrada de la pobreza, ya que él es el dueño del oro y la plata; como lo dice Hageo 2:8 “Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos”.
Lo que pasa es que la humanidad se ha preocupado tanto por recibir y se ha olvidado de dar.
Se han olvidado que Dios no piensa como nosotros. Para nosotros recibir, tenemos primero que dar, pero muchos piensan que es de la forma contraria.
En 2 Corintios 9:6-7 cita un pasaje que debemos estudiarlo:
“Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.”
El cuento que le salvó la vida a un hombre.
octubre 20, 2018
Una sabia y conocida anécdota árabe dice que, en una ocasión, un Sultán soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó a llamar a un Adivino para que interpretase su sueño.

¡Que desgracia Mi Señor! – exclamó el Adivino – Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.
¡Que insolencia! – gritó el Sultán enfurecido – ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa?, ¡¡¡Fuera de aquí!!!
Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos al Adivino. Más tarde ordenó que le trajesen a otro Adivino y le contó lo que había soñado. Éste, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:
¡Excelso Señor!, gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobreviviréis a todos vuestros parientes.
Se Iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó le dieran cien monedas de oro al Adivino. Cuando éste salía del palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado:
¡No es posible!, la interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que la del primer Adivino. No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro.
Recuerda bien amigo mío – respondió el segundo Adivino – que todo depende de la forma en el decir, uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender el arte de comunicarse. De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. Que la verdad debe ser dicha en cualquier situación, de esto no cabe duda, más la forma con que debe ser comunicada es lo que provoca en algunos casos, grandes problemas.
La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura ciertamente será aceptada con agrado.
CONFEDERACIÓN MILLONARIA: NO TE QUEJES
CONFEDERACIÓN MILLONARIA: NO TE QUEJES: Hay más que suficiente para todos,no importa cuantos ganes es como lo administre,nunca es tarde el momento es ahora,la vida es corta para q...
domingo, 21 de octubre de 2018
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